UN RUGIDO LLAMADO MATEO
Había una vez, en la sabana donde el viento cantaba entre los pastos altos, un cachorro de león llamado Mateo, nombre que significa “regalo de Dios”.
Nació un 13 de febrero, en la víspera del día en que el mundo celebra el amor. Y tal vez por eso, desde su primer aliento, algo en él parecía latir con una dulzura distinta.
Mateo no llegó como los demás cachorros. Nació con una melena oscura, espesa y brillante, como si la noche hubiera decidido coronarlo con su misterio. Mientras el amanecer teñía el horizonte de tonos rosados, su melena absorbía la luz y la devolvía convertida en un resplandor profundo. Es diferente, susurraban algunos.
Es especial, decían otros.
Pero Mateo, pequeño aún, solo sabía que tenía un corazón grande… y muchas preguntas.
Creció escuchando que su nombre significaba regalo. Y en secreto se preguntaba:
¿Un regalo para quién? ¿Y por qué yo?
Una tarde, mientras el cielo se vestía de rojo encendido, vio a dos gacelas reconciliarse después de una discusión. Se rozaron con ternura y siguieron caminando juntas.
Mateo sintió algo cálido en el pecho.
Comprendió entonces que haber nacido un 13 de febrero no era casualidad. No estaba destinado solo a rugir fuerte o a imponer respeto con su melena oscura. Estaba llamado a algo más profundo, a recordar que la verdadera fuerza nace del amor.
Esa noche, bajo un cielo lleno de estrellas, su madre le susurró, ser un regalo no significa ser perfecto, Mateo. Significa que tu existencia tiene propósito.
Y Mateo entendió que su diferencia era parte de ese propósito. Que su melena oscura era como la noche plena de luciérnagas. Que su nacimiento en vísperas del día del amor era una promesa silenciosa.
Con el tiempo, su rugido fue poderoso. Pero lo que realmente hizo grande a Mateo no fue su fuerza… sino su capacidad de proteger, de cuidar y de amar a su manada con valentía.
Y así, la sabana aprendió algo mirando a aquel león de melena oscura. La fuerza de un león no está solo en sus garras ni en la potencia de su rugido. Está en el corazón que elige amar aun cuando podría imponer miedo.
Porque el amor no debilita al fuerte, lo vuelve invencible.
Y un león que ama, ruge con el alma.
Mateo comprendió algo que ningún viento pudo arrancarle del corazón.
El amor es la raíz invisible de toda verdadera fuerza.
Porque un león puede dominar la sabana con su rugido,
pero solo conquista el mundo cuando protege lo que ama.
La oscuridad de su melena ya no era misterio ni diferencia, era como el cielo nocturno que, sin hacer ruido, sostiene a las estrellas. Que la fuerza no es estruendo, es sostén. No es miedo, es abrigo.
Cada vez que el sol se ocultaba y la sabana quedaba en penumbra, su silueta firme recordaba a todos que el verdadero poder no está en mostrar los colmillos, sino en abrir el corazón.
Porque al final, el león más fuerte no es el que más ruge,
sino el que ama con tanta verdad…
que su amor se vuelve leyenda.
Musa Peregrina
Oralia Lombera Reyes
Escritora guerrerense.
Del Libro "El cajón donde se quedaron los días"
OmCirce Ediciones.














































